El Museo de la Evolución Humana realiza un taller de talla lítica con invidentes para investigar si las personas ciegas pudieron fabricar herramientas en el pasado
En colaboración con la Agencia Provincial de la ONCE en Burgos ha llevado a cabo esta mañana un programa experimental para analizar la capacidad de adaptación, participación e integración de las personas con discapacidad visual en la evolución humana. El MEH vuelve a realizar un proyecto de arqueología experimental para conocer nuestro pasado.
El Museo de la Evolución Humana, en colaboración con ONCE en Burgos, ha llevado a cabo esta mañana un programa experimental con el objetivo principal analizar la capacidad de adaptación, participación e integración de las personas con discapacidad visual en la evolución humana. La actividad ‘Ojos que no ven. Piedra que te tallas’ ha tenido lugar en la planta 2 del Museo con la participación de varias personas invidentes que han tallado diversas herramientas de piedra. En esta actividad han participado además educadores del Equipo de Atención Educativa del MEH y Marcos Terradillos, director del Máster en Divulgación Científica de la Universidad Isabel I.


Esta actividad no deja de ser un paso más en la colaboración con ONCE Burgos, que comenzó el año pasado con la realización de la mesa táctil y las maletas hiperrealistas de materiales arqueológicos.
Este proyecto se articula en dos realidades. La primera tiene una función exclusivamente divulgativa; el Museo de la Evolución Humana, en sus 16 años de historia, ha realizado diferentes talleres didácticos sobre talla lítica para público no especializado. En este caso, se presenta un taller adaptado que permite a personas con discapacidad visual aprender de una forma práctica cómo se fabricaron las herramientas de piedra durante la Prehistoria. Además, la fabricación de diferentes herramientas permite comprender de manera más eficaz el proceso de creación y las diferentes partes de las piezas como el talón, el bulbo o los retoques.

La segunda realidad es una puramente científica y tiene como base metodológica la arqueología experimental, ya que, por primera vez se ha diseñado un programa experimental de talla lítica que permite conocer si las personas con discapacidad visual pudieron participar en el proceso de fabricación de industria lítica. Según Gonzalo de Pedro, técnico del Museo de la Evolución “esta actividad generará un banco de datos audiovisuales cuyo estudio dará la posibilidad de plantear diferentes hipótesis sobre el desarrollo de esta tecnología por parte de este colectivo con unas capacidades visoespaciales diferentes”. “Actualmente no tenemos constancia de otros experimentos con este objetivo, que pueden ofrecer datos sobre la participación de personas con visibilidad reducida en este tipo de procesos tecnológicos”, señala.
Por su parte, Rubén Martínez, director de la Agencia Provincial de la Once en Burgos, asegura que su organización está sumamente encantada a la par que comprometida “con la difusión de estas iniciativas culturales, pues la discapacidad ha estado presente desde el inicio de la propia Prehistoria y valorar nuestras propias capacidades de adaptación dentro de su contexto es increíble. Así pues, damos el pistoletazo de salida a un anacronismo histórico con un toque inclusivo sin precedentes“.

La arqueología ha demostrado que individuos como Miguelón y Benjamina, hallados los yacimientos de la Sierra de Atapuerca, o Tina, descubierta en Cova Negra, presentaban rasgos especiales que no les impedían formar parte activa del grupo. Todo apunta a que participaban y colaboraban en las tareas cotidianas, reflejando modelos de convivencia e inclusión ya presentes en la Prehistoria. Con el objetivo de profundizar en esta reflexión, la arqueología experimental se convierte en una herramienta clave.