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Publicado el 14 de abril de 2026 por Nohemi Sala

Neandertales ibéricos, más allá del enterramiento

Autora: NOHEMI SALA

 

Hablar de comportamiento funerario implica, en el fondo, algo más profundo: la consciencia de la propia muerte, un conocimiento que, cuando emergió, lo cambió todo. Pero ni la consciencia ni la conducta fosilizan. No son materiales, no tienen entidad física. Y, sin embargo, intentamos reconstruirlas. De los humanos del pasado no nos llegan sus pensamientos ni sus intenciones, solo sus restos: huesos, y la mayor parte de las veces fragmentados, a menudo aislados, y en el mejor de los casos, en un contexto que todavía podemos interpretar.

 

En regiones de Europa y de oriente próximo se han documentado casos que encajan con la idea clásica de enterramiento. Yacimientos como Shanidar, en Irak, Tabun, Amud o Kebara, en el actual Israel, o La Ferrassie, en Francia, han proporcionado esqueletos en conexión anatómica, en posiciones que sugieren una deposición intencional del cuerpo, a veces incluso en espacios claramente delimitados. Estos hallazgos han sido durante décadas la referencia para hablar de comportamiento funerario en neandertales y han condicionado también nuestra mirada, llevándonos a buscar ese mismo patrón en todas partes. Durante mucho tiempo, cuando se hablaba de comportamiento funerario en neandertales, la búsqueda se centraba exclusivamente en los enterramientos. El debate ha sido muy intenso durante décadas, pero la evidencia acumulada apunta cada vez más a que los neandertales clásicos en Eurasia practicaron enterramientos propiamente dichos, una hipótesis hoy ampliamente aceptada.

 

Pero enterrar a los muertos es solo una de las posibles formas de relación con la muerte. Solo hay que asomarse a las culturas actuales para ver que las prácticas mortuorias son muy diversas, incluso hoy, y que los enterramientos representan solo un tipo muy concreto de práctica funeraria. Muchas de ellas no dejan huellas tan claras, y pueden desaparecer sin dejar rastro reconocible en el registro arqueológico.

 

La tafonomía, que estudia qué les ocurre a los restos desde la muerte hasta su hallazgo, está proporcionando herramientas que nos ayudan a buscar más ampliamente. A través del análisis detallado de los huesos y de su contexto, es posible empezar a distinguir entre diferentes historias: cuerpos acumulados por carnívoros, restos dispersados por procesos naturales, cuerpos consumidos por otros humanos o concentraciones óseas que sugieren algún tipo de deposición intencional.

 

Una revisión reciente de los fósiles humanos de neandertales y sus ancestros en la península ibérica, que abarca más de 400.000 años, muestra precisamente esa complejidad. A diferencia de otras regiones, aquí no se han documentado enterramientos neandertales propiamente dichos. La mayor parte de los restos aparecen aislados, lo que dificulta saber cómo llegaron allí. Aun así, en algunos casos es posible reconocer patrones.

 

En yacimientos como El Sidrón (Asturias) o Zafarraya (Málaga), las marcas en los huesos indican que los cuerpos fueron procesados por otros humanos, en contextos interpretados como canibalismo. Y ahí la pregunta es otra: si responde a situaciones de supervivencia, a episodios de violencia o incluso a prácticas funerarias complejas.

 

También hay casos en los que algunos dientes humanos aparecen en contextos de carnívoros, como en algunos niveles de Pinilla del Valle, donde todo apunta a que fueron las hienas las que acumularon esos restos. Aquí no hay comportamiento funerario, pero sí información valiosa sobre la relación entre humanos y otros depredadores. Y luego están los casos más difíciles de interpretar: restos aislados, sin contexto claro, que constituyen la mayor parte del registro.

 

Como hemos apuntado antes, a diferencia de otras regiones de Eurasia, no hay evidencias claras de enterramientos formales en la península ibérica. Pero eso no significa ausencia de comportamiento funerario. Al contrario. En algunos conjuntos se observan patrones distintos en los que aparentemente no hay signos de intervención de carnívoros ni huellas de procesamiento antrópico, pero sí la acumulación sistemática de diferentes individuos en contextos de cueva. La repetición de acumulaciones de cuerpos en lugares concretos a lo largo del tiempo podría apuntar a prácticas intencionales, aunque no encajen en la definición clásica de enterramiento.

 

Por ejemplo, en la Sima de los Huesos, en Atapuerca (Burgos), se acumuló el cuerpo de casi una treintena de individuos pre-neandertales en el fondo de una cavidad. Durante años se han descartado hipótesis como la acción de carnívoros, procesos geológicos o caídas accidentales. La acumulación intencional de cadáveres sigue siendo la hipótesis que mejor encaja, aunque todavía se debate si estamos ante un comportamiento funerario en sentido pleno o ante algo más incipiente. En otros casos, como Cova Negra (Valencia), la presencia de varios individuos en un mismo yacimiento, sin evidencias claras de acumulación por carnívoros ni de procesamiento cárnico, apunta también hacia una posible intervención humana en la acumulación de los restos.

 

En la Sima de las Palomas (Murcia), se han encontrado varios esqueletos parciales en conexión anatómica, depositados en el interior de una cavidad. La posición de los cuerpos y su preservación sugieren que no llegaron allí de forma casual, y que pudo existir algún tipo de deposición intencional, aunque no haya una fosa excavada ni un enterramiento en sentido estricto.

 

Algo similar ocurre en Cova Simanya (Barcelona), donde han aparecido numerosos restos que incluyen prácticamente todas las partes del esqueleto, incluso elementos poco frecuentes como falanges de manos y pies, que normalmente solo se conservan cuando los cuerpos están completos. Todo apunta a que los cadáveres llegaron enteros al lugar, lo que abre la posibilidad de que estemos ante otro caso de acumulación intencional, aunque todavía falte un análisis tafonómico detallado.

 

No se ha encontrado una relación directa entre estas prácticas y los cambios climáticos. A lo largo del Pleistoceno, en contextos muy distintos, aparecen formas diversas de tratar a los muertos. Incluso en los momentos finales de los neandertales se observa una gran variedad de situaciones, lo que sugiere que estas conductas no responden simplemente a condiciones ambientales, sino a decisiones sociales y culturales.

 

En el fondo, lo que estos datos obligan a hacer es ampliar la mirada. Si solo buscamos enterramientos, dejamos fuera una parte importante de cómo estas poblaciones se relacionaban con la muerte. Y quizá ahí, en esas prácticas menos evidentes, esté la clave para acercarnos a lo que no fosiliza: el pensamiento, la conducta.

 

 

Mapa de la península ibérica con los principales yacimientos con restos neandertales y pre-neandertales. Disponible en: https://doi.org/10.5281/zenodo.16052946.

 

Sala, N., Téllez, E., Arteaga-Brieba, A., Rodríguez-Iglesias, D., Rodríguez-Almagro, M., Pantoja-Pérez, A., Grabbe, J. & Pablos, A. (2025). Iberian Neandertal fossils: Exploring funerary practices in a paleoclimatic context. Journal of Archaeological Science: Reports66, 105316.