Publicado el 24 de marzo de 2025 por Miriam García Capín
Domadores de la oscuridad. Neandertales y sapiens en las cuevas cantábricas
Autora: Miriam García Capín
Como es sabido, el objetivo de la arqueología es desvelar el comportamiento de los grupos humanos pasados a partir del análisis de sus restos materiales. La arqueología cognitiva, que es la disciplina en la que se enmarca mi trabajo, trata de dar un paso más. Asume el riesgo de trascender ese comportamiento que ha sido inferido desde los materiales arqueológicos, para adentrarse en los procesos mentales que le han dado lugar.
En este trabajo tratamos de acercarnos a los procesos psicológicos involucrados en la realización y la comprensión de las pinturas rupestres más antiguas de las cuevas cantábricas. Estas pinturas son líneas, discos, trazos, digitaciones y manchas… todas en color rojo.
Su cronología no es bien conocida, pero no se puede descartar totalmente que los neandertales hayan participado en la elaboración de algunas.
¿Qué nos dice la arqueología cognitiva al respecto? ¿Tendría sentido que los neandertales las hubieran realizado? ¿Habrían sido capaces de crearlas y dotarlas de sentido?
El enfoque cognitivo utiliza los conceptos de disciplinas del ámbito de la Psicología, una ciencia que trabaja observando el comportamiento.
Precisamente el comportamiento es un fenómeno que la arqueología no puede apreciar directamente, por lo que el de los neandertales ha de ser deducido. Este trabajo trata de realizar este ejercicio de deducción no sólo analizando el registro arqueológico, sino teniendo en cuenta las características biológicas, neurológicas y psicológicas de sus dos parientes vivos más cercanos: nuestra especie y los chimpancés.
Comparando ambas especies se observa que:
- En primer lugar, la sensibilidad cromática hacia el color rojo constituye un mecanismo útil para la detección de alimentos nutritivos, como frutas maduras y hojas tiernas. No es casual que las pinturas más antiguas sean de este color; tiene sentido que el color rojo atraiga nuestra atención.
- Por otro lado, las emociones primarias como el miedo o la curiosidad son procesos psicológicos básicos y universales que compartimos con otros mamíferos debido a su utilidad en la supervivencia. Éstas guían nuestro comportamiento para impulsarnos hacia los estímulos beneficiosos y para evitar los perjudiciales de una forma innata.
- Ambas especies confían en su sentido visual para conocer y controlar el ambiente. El miedo universal a la oscuridad alerta sobre la dificultad para obtener esta información, que el cerebro interpreta en términos de peligro.
Siendo esto así, ¿Por qué humanos modernos y neandertales se adentraban en las profundidades de las cuevas si son espacios hostiles que no aportan recursos útiles para la subsistencia?
Las primeras conclusiones de este trabajo sugieren que tanto humanos modernos como neandertales habrían desarrollado una extrema curiosidad por su función esencial en la supervivencia. Los humanos hemos ocupado todas las latitudes del planeta y nos hemos adaptado a sus condiciones gracias a la capacidad para razonar causalmente; es decir, siendo capaces de comprender que nuestro entorno se estructura en términos de causa y efecto, de manera que ha sido posible predecir eventos y anticiparse a ellos. Para que esta capacidad se desarrolle es imprescindible la observación de la naturaleza y a su vez, se requiere un alto nivel de curiosidad.
Pero ser una especie curiosa también nos ha impulsado a realizar conductas arriesgadas de manera impulsiva. Curiosidad y miedo actúan así en conjunto, tratando de encontrar el equilibrio que permita al organismo sobrevivir exitosamente.
En este contexto, las pinturas más antiguas de las cuevas cantábricas adquieren su significado como elemento domesticador del espacio. Interpretar que una marca roja es el resultado de la acción de otro individuo es algo que hacemos rápida e involuntariamente, de manera que comprendemos que ese espacio ya ha sido recorrido y explorado; es decir: está domesticado. Esto permite cambiar el modo en el que es percibido, pues deja de ser salvaje para quedar absorbido dentro de la esfera humana. Pintar e iluminar las cuevas es el primer paso para adaptarlas a nuestras necesidades.
Marcar el espacio es una práctica que continúa llevándose a cabo en entornos hostiles, como la alta montaña. Allí, marcar el recorrido suaviza la incertidumbre cuando se exploran espacios a los que nuestra psicobiología no está adaptada.
Teniendo en cuenta la similitud en el registro arqueológico y los condicionantes biológicos de los neandertales, se puede deducir que aunque existieran ligeras diferencias cuantitativas, los neandertales mostraban un comportamiento lo suficientemente complejo y curioso como para crear y comprender las representaciones más antiguas de la cornisa cantábrica.